Un artículo clásico entre ingenieros (“A Protocol for
Packet Network Intercommunication”. IEEE Transactions on Communications, 1974),
escrito por Cerf y su colega Robert Kahn, los confirmó como padres del
Protocolo de Internet y como respetadas autoridades sobre la Red de Redes.
Cerf, vicepresidente de Google y líder de la iniciativa
global “Take Action” por una Web libre y abierta, advirtió en noviembre de 2012
sobre el riesgo de control gubernamental obtenido por mayoría durante la
segunda sesión plenaria de la Conferencia Mundial de Telecomunicaciones
Internacionales (WCIT12).
En efecto, el 14 de diciembre, Rusia, China, los países
Árabes, Irán y buena parte de África, constituyeron una mayoría de 89 países
que votaron por aumentar las capacidades de los gobiernos para controlar la
gobernanza de Internet, frente a 55 países en contra.
El tema pasó casi desapercibido en los medios. En
numerosos sectores especializados, se lo vio como una actualización de un
tratado cobijado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), que
venía con un atraso de 24 años.
Pero, precisamente, abordar la Internet desde una
perspectiva analógica de las telecomunicaciones ha sido una gran parte del
problema.
La noción de telecomunicaciones propia del siglo XX ha
estallado en pedazos ante la reconfiguración que la telemática
(telecomunicaciones más informática) produjo en la aparición y desarrollo de
nuevas tecnologías digitales de información y comunicación.
La Internet 2.0 ha modificado todas las industrias
planetarias en mayor o menor medida. La televisión, entre ellas, se transforma
constantemente bajo la presión de redes de nueva generación (NGN), subsistemas
multimediales sobre IP, alta definición y servicios IPTV, Web TV o streaming.
Un nuevo mundo de proveedores de bienes y servicios de
hardware y software de entretenimiento e información traslapa las corporaciones
en sus propias misiones institucionales. Ya no hay operadores, cableros ni
teledifusores a secas, pues sus negocios ya no funcionan con las fronteras
claras de las telecomunicaciones analógicas del siglo pasado.
La Internet es diferente de un tratado centrado en redes
de telecomunicaciones, operadores y conectividad universal.
Esos son asuntos clave de los cuales se ocupa la UIT: la
infraestructura y su cobertura. Mientras que la Internet fue creada como un
comunal electrónico que usa dicha infraestructura pero no equivale a ella.
Por supuesto, existen fuertes presiones comerciales para
controlar su acceso y aún más poderosas fuerzas políticas para censurarla y
filtrarla.
Según la Open Net Initiative, de 72 países estudiados, 42
han intentado censurar la Internet. “Acostumbrados a controlar los medios, esos
gobiernos temen no poder regular la Internet abierta. Les preocupa que se
diseminen ideas no deseadas. Les molesta que la gente pueda usar la Internet
para criticar a sus gobiernos”, dijo Cerf.
Este asunto espinoso se encuentra en una zona gris de
difícil demarcación, donde las pujas entre gobiernos y corporaciones privadas
resultan cada vez más complejas.
Las fuerzas de mercado son muy poderosas y cambiantes.
Google, Apple, Amazon y Facebook están reinventando el negocio de los
contenidos de entretenimiento, y la televisión es una buena porción allí.
Tabletas y teléfonos inteligentes están transformando el
consumo de video porque se trata de ofertas de hardware y software producidas
por los mismos fabricantes que compiten. Incluso Microsoft ingresó en 2012 a
ese negocio.
Cableros, teledifusores y productores locales tendrán que
encontrar su propio espacio en un negocio dominado por corporaciones cada vez
más poderosas y consumidores cada vez más autónomos y empoderados.
El reto es responder a las necesidades de las audiencias
sin importar la plataforma en que deba actuarse. Un tercio del planeta ya
consume contenidos mediáticos desde su acceso multipantalla y multiplataforma a
Internet.
Gobiernos autoritarios que buscan limitar la libertad de
expresión en Internet, a nombre de la democracia, no pueden ser la respuesta.
— Carlos Eduardo Cortés es coordinador de
programas de Free Press Unlimited en América Latina. Sus opiniones son
personales y no implican necesariamente a dicha institución ni a TV Technology.